Castañas, aceitunas y boniatos

Los guisos del Ermitaño

Castañas, aceitunas y boniatos

 

Olives

Las aceitunas confitadas forman parte de la dieta mediterránea desde hace miles de años. Estudios recientes han puesto de relieve que la aceituna aporta ácidos grasos esenciales, además de fibra y numerosas vitaminas. La aceituna de mesa es aquella que cumple con una serie de condiciones: debe estar bien encurtida, la piel debe ser fina y la pulpa y el hueso bien proporcionados. Las aceitunas más apreciadas por los gastrónomos son las de las clases manzanilla y gordal (ambas sevillanas), la blanquita (alicantina) y la arbequina (leridana). El tiempo otoñal y el navideño son días muy a propósito para comer en clima familiar las pasas, higos, nueces y aceitunas y, también, castañas y boniatos, especialmente en torno a la fiesta de Todos los Santos.

El día 1 de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos y en Cataluña, por la vigilia, existe la costumbre de hacer una “castañada” de carácter familiar que, al parecer, proviene de la pervivencia cristianizada de una antigua fiesta ritual funeraria donde se comían castañas asadas en un ámbito estrictamente casero. En la tradición popular existía la creencia de que, después de rezar en familia el Santo Rosario, por cada castaña que se comía aquella vigilia era liberada un alma del purgatorio. En torno a la fiesta de Todos los Santos en algunos lugares había la costumbre de empezar a comer la fruta confitada durante el verano.

Fray Valentí Serra de Manresa, es religioso capuchino

y colaborador de Fray Ramón, el Ermitaño de los Pirineos.